El auge del astralismo inferior en el mundo y sus consecuencias

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Un artículo  de BBC Mundo hace mención al auge de las prácticas de brujería en el mundo, en su mayoría ligadas  al psiquismo inferior y a lo que se conoce como astralismo, pues permiten actuar en niveles que -aunque son invisibles al plano físico y por ello parecen mágicos y espirituales- apenas alcanzan el plano astral, un nivel no muy elevado  en la escala evolutiva y en el que se halla una gran parte de la humanidad. El artículo relata la tragedia de una mujer que murió quemada en un pueblo de Papúa Nueva Guinea.


El hecho «vino a recordar que ese oscuro y misterioso fenómeno sociocultural conocido como «brujería» no cerró en la Edad Media, sino que sigue vigente en muchos puntos del planeta», según resalta el escrito.

La mujer, de 22 años, fue acusada de matar al hijo de una vecina con prácticas hechiceras en el pueblo de Mount Hagen. En represalia, al parecer fue torturada con un instrumento de hierro y amarrada antes de ser rociada y quemada con gasolina por familiares del joven y otros habitantes de la localidad.

Casos como éste, que comienzan con una acusación de brujería y terminan con un trágico desenlace, son una realidad que se repite en muchas sociedades del mundo hoy en día.

A pesar de que en cierta medida lo que se sabe sobre la brujería está basado en la especulación, varios estudios han señalado que la llamada religión de la magia actualmente tiene miles de adeptos alrededor del mundo, incluida América Latina.

Hace ya medio siglo que el médico Serge Raynaud, creador de la Gran Fraternidad Universal, con sede en Caracas, se convirtió en el primero, y casi el único, que lo ha puesto en cifras: entonces dijo que había al menos 200 millones de brujos modernos, fetichistas y brujos de tribu de sectas en la Tierra.

Hoy tratar de establecer el número de quienes practican, o sólo creen en brujería, es un asunto tan elusivo como misterioso es su práctica.



Diferentes versiones y niveles que crean confusión

El escrito permite reflexionar también sobre la gran confusión que existe acerca del astralismo inferior y que impide a las mayorías hacer una clara diferenciación entre las múltiples prácticas existentes, sus niveles y su cercanía o lejanía con la verdadera espiritualidad. 

Desde Argos en la red se ha insistido a través de varios artículos acerca de las confusiones predominantes sobre el tema de la brujería, el psiquismo, las predicciones y la espiritualidad, a pesar de una saturación informativa, que más que aclarar lo que hace es confundir a los inexpertos

Sobre ello se escribe lo siguiente:

 «Dependiendo de los paradigmas culturales predominantes e incluso de la formación y creencia de cada persona, las interpretaciones (sobre la espiritualidad) rondan en los siguientes términos: alusiones a la religión, bien sea católica, cristiana o cualquier otra tendencia; referencias a brujos, santeros y prácticas precognitivas y de psiquismo inferior, como lecturas del tarot o adivinanzas mediante cualquier método; las enfermedades y dolencias  ficticias debido a  ataques psíquicos a través del montaje de «trabajos espirituales»; fenómenos paranormales como aparición de «fantasmas» y desencarnados;  y la medicina vibracional (cristaloterapia, reiki y radiestesia, entre otras) vista como práctica misteriosa y chamánica.

El problema principal  en relación a las anteriores temáticas no es su asociación con lo espiritual, sino la ignorancia que observo a través de variopintas ideas;  unos por creer cualquier cosa, por lo general de acuerdo a lo que han escuchado como parte de comentarios, anécdotas, leyendas populares o lo dicho por supuestos conocedores; y otros por renegar y hasta burlarse debido a su escepticismo y desconocimiento…(Leer artículo completo).

Sobre ello la información de BBC Mundo trata de hacer una diferenciación y dice que «la brujería se da en diferentes grados y «formatos». 
Lo que relata a continuación manifiesta las ideas que se manejan al respecto y que denotan cierta comprensión acerca de que cada práctica es distinta y vibra en niveles diferentes:

«Mientras hay una versión quizá simple, ésa que practica una santera en una plaza de mercado, también hay otras de profundas consecuencias, como la que se vio en el país oceánico de Papúa Nueva Guinea.

«La brujería contemporánea se suele homologar a la Wicca, una práctica neopagana predominante con incidencia en Occidente.  No obstante, no son necesariamente lo mismo.

Elementos ritualísticos

En agosto pasado generó gran controversia la salida a la luz pública de un grupo de brujas y brujos británicos que decían sufrir de discriminación y rechazo social.

Myrdinn, el jefe del aquelarre en el condado inglés de Lancashire, le dijo a la BBC en ese momento: 

«No hacemos nada siniestro como adorar al diablo y no llevamos a cabo sacrificios animales o humanos. Honramos, y damos gracias a la naturaleza. Celebramos las estaciones. No se trata de sangre. En primavera, celebramos la vida y el renacimiento y después en el invierno, la decadencia y la muerte para darle paso a nueva vida», señaló.

Ciertamente, incluso en el plano astral hay diferencias entre el astralismo inferior y el astralismo superior, y si bien éste último se ubica en un nivel más elevado, todavía se escapa de los niveles verdaderamente sutiles.
Ritual wicano

En el caso de la práctica wicana, se destaca el hecho de que buscan diferenciarse mencionando su relación con la naturaleza. Nos hallamos con una práctica que incursiona en el plano etérico, morada de los elementales de la naturaleza, también asociados a lo mágico-religioso a través de de las alusiones a la tierra, al aire, al fuego y al agua, así como a los duendes, gnomos y hadas.


Ambos planos, el etérico y el astral, son los más cercanos al plano físico, aunque por su vibración, sus moradores y manifestaciones sólo son visibles a través de la percepción extrasensorial

En los dos planos es donde se movilizan las energías invocadas y evocadas en rituales de magia y brujería -blancos y negros- con fines buenos y fines malos, pues la línea que separa a uno de otro es sumamente delgada. 


En cualquier situación, los objetivos casi siempre son los mismos: las personas buscan hacer peticiones u ofrendas, alcanzar sus deseos personales, neutralizar enemigos, evitar problemas y conocer el futuro. Cuánto más se alejen los objetivos de la simple autogratificación y más se acerquen a la búsqueda de autoconocimiento, comprensión y consciencia, nos estaremos moviendo de lo inferior a lo superior.
La masificación del astralismo inferior
En Rusia (como en muchas partes) en  la televisión, Internet y otros medios abundan los anuncios de servicios llamados «esotéricos» (mal usando el término). Por un modesto precio se promete recuperar a la pareja perdida, neutralizar a la competencia de un negocio, impulsar la carrera profesional, etc. En otras palabras, se ofrece todo aquello que resulta difícil, si no imposible, conseguir por las vías habituales. 

Solo en Moscú la facturación oficial de los brujos y parapsicólogos (es decir, la de aquellos que pagan impuestos) oscila entre 8 y 10 millones de dólares, de acuerdo con la Comité de Salud del gobierno municipal. 

Los analistas y la historia misma demuestran que sus servicios son solicitados prácticamente por todas las capas de la población, mientras que, según los resultados de un sondeo en línea realizado por la compañía Agama, 252 de las 991 personas encuestadas habían utilizado servicios esotéricos y otras 67 estaban planeando recurrir a magos en un futuro próximo. 

Mercado de Marruecos

En Marruecos, recientemente el Ejecutivo acaba de aprobar una revisión del Código Penal en la que contempló subir las multas contra la hechicería, pues su práctica es tan popular que le cuesta al país una mala fama internacional

Hay dos figuras principales que se dedican a este oficio en Marruecos: la chowafa “multitarea” que predice el futuro, cura el efecto de un maleficio e incluso ella misma prepara un hechizo para hacer daño a alguien a petición del cliente, y el fkih, especie de curandero religioso que usa el Corán con fines terapéuticos para sanar a las personas que sufren un mal de ojo, o que están habitadas por genios que solo podrán ser desalojados con sesiones de exorcismo.


Cuando un cliente visita a una chowafa sale de allí con una receta casi secreta de distintas sustancias para conseguir sus fines. La mezcla la proveerá un herborista vecino, presente en todos los zocos del país, cuya fachada es la venta de especias, plantas y frutos secos, pero que en la trastienda también vende pellejos o líquidos de animales, nidos de ciertos pájaros y otras sustancias inconfesables.

Uno de estos herboristas explica lo siguiente:

“Hay quienes acuden a nosotros con una receta de una chowafa, otros prefieren contarnos su dolencia y nos piden consejos. Es como ir a la farmacia en lugar del médico”, cuenta y añade que esta actividad puede generar enormes ganancias en un día (una receta puede costar hasta 1.500 dirhams o 137 euros), algo mejor que “pasar todo el mes vendiendo dátiles, almendras o pimentón”.


En otro lado del mundo, en México, cuando se habla de la brujería muchos la catalogan de ser un «negocio lucrativo» más que un fenómeno ancestral.

Mercado en México

En el Mercado de Sonora, en Ciudad de México, se suelen ver brujos y hechiceros que dicen vender por cifras que superan los US$100 diferentes prácticas para «mejorar su suerte».


No existen cifras oficiales, pero -según reporta la cadena Univisión- en el Mercado hay 404 puestos que se dedican a la santería.

El antropólogo de religiones y presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones (ALER), Elio Masferrer Kan, le dijo al portal Quo que por cada 3.500 personas podría haber hasta 100 brujas y brujos.

«En México y en América Latina hay millones de brujas y brujos, porque la magia no es exclusiva de un género y está tomando mucha fuerza; de hecho, hay distintas corrientes y niveles. Es común que cada clase social tenga sus propias brujas», declaró.



Venta  en Venezuela

En Venezuela la situación también es contradictoria. En un país donde nueve de cada diez personas dice ser católica, la santería y el espiritismo gana cada vez más adeptos. Algunas estimaciones aseguran que los seguidores de estos cultos alcanzan el 30% de los casi 30 millones de venezolanos.


Otros, como el antropólogo Ronny Velásquez, aseguran que la mitad de la población practica, de alguna u otra forma, ya sea el espiritismo o la santería.

Dos fenómenos, le dice a BBC Mundo, que están entrelazados y que en Venezuela se realizan con algunas particularidades que los diferencian de lo que ocurre en otros países de América Latina.

Cultos
La religión y la mitología yoruba, originaria de África, ha logrado influir en el surgimiento de estos nuevos cultos en América. Etnias yorubas que llegaron siglos atrás como esclavos a América, trajeron su religión consigo y así en distintos países fueron dando forma a expresiones religiosas. 

La santería es un sistema de cultos que combina elementos de distintas creencias y prácticas. Forma parte del llamado sincretismo religioso, que mezcla el catolicismo traído por los españoles, los ritos a los dioses del panteón yoruba venerados por los esclavos traídos de África, junto a prácticas indígenas.

El espiritismo, en tanto, incorpora la posibilidad de comunicarse con los espíritus de los muertos a través de un médium, o de otras formas.

A pesar de ser producto del sincretismo de tradiciones ancestrales, estos cultos encajan perfectamente dentro de lo que esotéricamente se considera como astralismo inferior, al invocar  y trabajar con entidades de ese plano (desencarnados o muertos, elementales y egrégores)

Como resultado, las prácticas, rituales e invocaciones que se realizan desde el plano físico lo que hacen es vitalizar a las entidades y los fenómenos astrales, dando como resultado una sobrecarga de las energías del astral planetario, sobre todo en los niveles donde se mueven las emociones y los pensamientos negativos. 

Tal sobrecarga genera una gran masa de energía densa, que al ver dificultada su ascensión a planos más sutiles para su transmutación, se precipita nuevamente en el plano físico generando más energía negativa. Esto se convierte en una especie de círculo vicioso que no permite la evolución ni de los humanos ni de los desencarnados y habitantes del astral. 

Sucede entonces que algunos ritos y las prácticas mágicas genuinas y sustentadas en sabios conocimientos se van desvirtuando y pierden su esencia al caer en un astralismo cada vez más inferior.
  


Muestra de ello, por ejemplo, es el culto a la santa muerte en México, que desvituó  la herencia prehispánica que honra a los muertos, los dioses aztecas y los mayas relacionados, al vincularla con distintos tipos de delincuencia como el narcotráfico, prostitución, asaltantes y personas de distintos estratos sociales que se dedican al comercio informal, ambulantaje o piratería.

Igualmente ocurre en Venezuela con la llamada corte malandra o criminal, conformada por un conjunto de espíritus que, de acuerdo con los santeros, buscan el perdón de la pena merecida si interceden para alejar a los jóvenes de la vida delictiva, protegerlos de morir en enfrentamientos con policías u otros delincuentes, así como ayudar a los reos a sobrevivir en cárceles.

  

Consecuencias: la tragedia humana
El artículo concluye destacando las tragedias que ocurren como desenlace de la práctica y la creencia en la brujería (sobre todo cuando la ignorancia predomina), mencionando los problemas que se viven en muchas partes del mundo, entre ellos el maltrato animal, la profanación de tumbas y cadáveres humanos y la estigmatización social: 

Mientras algunas interpretaciones contemporáneas de la brujería se reducen a cultos y prácticas triviales, otras implican complicadas realidades sociales. Por ejemplo, la organización para la infancia de las Naciones Unidas (UNICEF, por sus siglas en inglés) reportó en 2010 que un número cada vez mayor de niños en África occidental y central están siendo acusados de practicar la brujería. La agencia de la ONU dice que esas acusaciones a menudo conducen al abuso físico y el abandono de los niños.

En el continente africano con frecuencia se encuentran cuerpos mutilados cuyos órganos se remueven para el uso de prácticas mágicas. En el norte Ghana hay un campamento de refugiados donde viven al menos 1.000 mujeres que son acusadas de brujería. En un reciente reportaje de la BBC -en el que se habló con ellas y se visitó el lugar- se constató que las mujeres sufrían de estigmatización social y eran forzadas a pagarle tributos al hombre que maneja el campamento. La brujería, sin duda, traspasa fronteras y generaciones. Sus consecuencias también.

Podemos agregar, entre las consecuencias no mencionadas en el reportaje, pero con una fuerte e intangible influencia, el descenso en el nivel de vibración de la humanidad que se produce con la masificación del astralismo inferior; descenso que se empareja con el auge de la negatividad en el planeta. 

Mientras se sigan promoviendo este tipo de prácticas y la gente las siga buscando para la autogratificación, se hace más difícil que la raza humana alcance planos superiores y crezca en consciencia. 



Escrito por: Glenda González



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