¿Cómo comenzar a conectarse con los Ángeles?

publicado en: ANGELES, FENG SHUI INTERNO | 0

¿Qué son los Ángeles?

El término «ángel» deriva de una traducción griega del original hebreo «mal’akh», que significaba antiguamente «la cara oculta de Dios». En griego, el término «ággelos» se traduce por «mensajero» o «enviado». El latín «angelus» quiere decir algo parecido a «vehículo de información».

Los Ángeles son energías sutiles de alta frecuencia, son mensajeros de la luz, portadores de las más elevadas cualidades celestiales,. Su energía contiene en sí misma las virtudes y cualidades de la divinidad. Al proceder de la misma fuente de la creación tienen la capacidad de manifestarse de la mejor forma posible para nosotros.

De ahí que cada uno los describa o los perciba a su manera. Unos ven luces que brillan con una gran intensidad, otros esferas de colores. Todos desprenden cualidades de amor, paz, comprensión, dulzura, alegría, sabiduría…y mucho más.

Los Ángeles son energías de transformación y cambio y en estos momentos de la Nueva Era, donde la humanidad necesita de un cambio profundo de paradigma, nos acompañan para elevar nuestra consciencia y nos ayudan a evolucionar como seres espirituales, ayudándonos a desarrollar las mejores virtudes y a ser mejores seres humanos en la tierra.

En ese proceso los ángeles son los “ayudantes invisibles” que tras una llamada nuestra están preparados para intervenir en nuestro favor, pero respetando siempre las leyes del karma, y nuestro libre albedrío.

En términos coloquiales, se les puede considerar como unos «operarios» divinos, encargados de transmitir a la Tierra los designios del cielo, porque la divinidad no puede llegar a establecer contacto con sus infinitas creaciones si no es a través de los ángeles.

¿Cómo podemos percibirlos?

Hay diferentes formas en las que los ángeles pueden establecer comunicación contigo, generalmente pueden enviar orientación a través de los sentimientos (sentir, oír, ver o saber). También a través de nuestros sueños o en la meditación.

Es fundamental, para poder percibirlos y escucharlos, crear un espacio de relajación, en el cual no dejemos que nos invada ningún tipo de pensamientos, es por eso que la meditación es un arma esplendida para poder conectarnos con los ángeles.

También puedes simplemente calmar tu mente al aire libre en la naturaleza, la naturaleza es un canal directo hacia la conexión con los ángeles, porque en ese entorno somos más receptivos pues nuestro orden mental se libera.

En resumen hay diferentes formas de percibirlos.

  • Escuchando. Las voces pueden ser fuertes o como susurros en su oído interno.
  • Sintiendo. Cuando se forma una idea en tu cuerpo de lo que es correcto o incorrecto.
  • Viendo. Recibiendo imágenes que pueden ser como especie de pequeñas películas o puede que vea imágenes.
  • Conocimiento. En ocasiones obtenemos respuestas que simplemente llegan, como parte de un conocimiento interno.
  • Oliendo, percibiendo algún aroma que activa los recuerdos o le da a la persona una idea de qué hacer.
  • Señales. También llamadas sincronicidades, puede que encuentres mensajes con respuestas que te estés haciendo, o encontrar plumas, mariposas o monedas como una forma en la que te muestran su cercanía, también puedes encontrar repeticiones de números.
  • Meditando. Cuando estás en un estado de relajación, estás mucho más abierto a recibir mensajes, Cuanto mayor sea nuestra vibración, más fácil será conectarnos con los ángeles.

Es fundamental, que también desarrolles tus sentidos para percibir las señales de que tu ángel está cerca, por ejemplo:

Por atención a las emociones que resulten inexplicables, por ejemplo, algunas personas sienten una abrumadora sensación de amor y apoyo.


Los sonidos les conectan, percíbelos, por ejemplo, un zumbido repentino, puede ser una señal de que los ángeles están tratando de conectar contigo. Evalúa. ¿Cuándo sucede? ¿Cómo sucede? ¿Qué te hace sentir?


Se agradecido SIEMPRE, por todas las señales que llegan a tu vida de forma sorpresiva, pues puede ser una señal de conexión con tus ángeles.


Visualízalos en tu mente, el poder de tu mente puede ayudarte a observar los ángeles desde tu interior, abre tu corazón a ver las señales.
Desarrolla tu intuición, quizá tus ángeles ya se están comunicando, pero no lo has notado.

¿Cuál es la apariencia de los ángeles?


Los ángeles son seres asexuados, sin ninguna forma específica, sin embargo, se han ilustrado con una silueta masculina fuerte, rodeados de luz y con enormes alas.

Esta forma en las que se describen los ángeles por parte de quienes aseguran haber tenido contacto con ellos y reflejan parte de su mensaje, es probablemente la forma que los ángeles adoptan para dejarse notar entre los humanos, con una forma similar, pero resaltando su cualidad espiritual superior a la nuestra.

En realidad los ángeles no tienen forma, son energía pura, pero algunos investigadores ocultos dicen que pueden tomar una apariencia casi humana cuando lo creen necesario para entrar en contacto con los hombres. Las alas con las que se les suele representar en imágenes y pinturas son en realidad su aura. Ellos no necesitan alas para volar ya que son puro espíritu. Carecen de edad, porque se mueven fuera de nuestra dimensión espacio-temporal y a una velocidad superior a la de la luz.

Los ángeles no mueren como nosotros, pero tienen períodos de descanso tras los cuales asumen un nuevo vehículo etérico. Se alimentan con radiaciones de energía, ya que se mueven en una esfera totalmente inmaterial.

¿Cómo actúan los Ángeles?


Una de las descripciones más claras y concisas de la labor angélica nos la ofrece Kabaleb en su obra -de próxima edición- «Los Dioses Internos», que citaremos textualmente: «Los ángeles moran en nuestro interior, no podemos mover ni un dedo de nuestro cuerpo sin que ellos nos suministren la fuerza necesaria para hacerlo”.

Para facilitar la comprensión de todas las ideas expuestas, podríamos utilizar como ejemplo uno de los muchos relatos cortos que Kabaleb dejó escritos y que describen la labor angélica. Este relato se llama: «El hombre que no debía morir» y lo hemos resumido para no alargar en exceso este texto. «Un día, (habla un ángel), fui requerido para tratar de salvar a un hombre que estaba programado para sufrir un accidente de aviación y perder en él la vida. Juan -así se llamaba el hombre ,tenía ya el pasaje en el bolsillo.

Yo no pedí a mis superiores información sobre las circunstancias que me obligaban a intervenir, conozco de sobra los mecanismos del destino de las personas, pero como ustedes los ignoran, no tengo inconveniente en revelarles algo sobre el funcionamiento de la máquina cósmica. En el Mundo Astral en que nos movemos actúa una categoría de seres llamados «Ángeles del Destino«.

Ellos velan para que el destino de los seres humanos se cumpla, tanto en el aspecto positivo como en el negativo. En este caso, ellos se encargaron de juntar en el avión una serie de personas que estaban programadas para morir en él.

Ello no significa que la divinidad, en el momento de nacer, las haya destinado a esta muerte atroz, sino que tales personas, dada su actuación en vidas anteriores y por hechos cuya responsabilidad recaía totalmente en ellas, habían escogido morir así. Juan formaba parte de ese grupo y por ello los Ángeles del Destino movieron las cosas para que el fatídico pasaje de avión llegara a su poder.

Entonces, dirán ustedes ¿por qué salvarlo a él y no a todos los demás? En la respuesta a esta pregunta se encuentra una de las más maravillosas claves de nuestro mundo. Por su actuación en una vida anterior, Juan debía morir. Pero en su actual existencia había derramado tanta bondad a su alrededor que merecía que este destino fuera modificado.

La onda expansiva de la bondad posee una fuerza enorme: primero toca a su beneficiario directo, modificando su naturaleza íntima, y de él pasa a otro, y de ese otro al siguiente y así en una cadena sin fin que recorre toda la tierra. Posteriormente, el impacto vuelve, cual boomerang, al propio interesado, el cual se beneficia de la suma total de todo el bien que su voluntad derramó.

Yo no podía actuar directamente sobre Juan, revelándole su destino, soplándole al oído que su avión iba a estrellarse. Primero porque seguramente no habría hecho caso de esta voz y segundo porque no podemos desvelar los misterios del cosmos de forma tan súbita: es la conciencia del individuo quien debe descubrirlos mediante un trabajo humano. Lo que debía hacer era crear las circunstancias naturales que llevaran a Juan a la imposibilidad de emprender el viaje.

Me puse a trabajar y después de haber examinado varias situaciones, me decidí por un motorista de la policía que transitaba todos los días por la autopista que llevaba al aeropuerto. Era un hombre que se había beneficiado indirectamente con las buenas obras de Juan, sin que jamás hubiesen estado en contacto personal y, de acuerdo con las leyes cósmicas, sólo uno de sus «protegidos» tenía la posibilidad de actuar a su favor y salvarlo.

Tras numerosas gestiones, conseguí que ambos coincidieran a la misma hora en la carretera del aeropuerto. Ideé una estrategia para que Juan cometiera una infracción, le sugería por vía intuitiva que pisara fuerte el acelerador; en cuanto lo hizo, me acerqué al policía y le sugerí de la misma manera que parara a Juan y le pusiera una multa.

Conseguí también que lo hiciera y entonces se produjo una de esas escenas tan comunes en la que el automovilista asegura que no ha sobrepasado la velocidad permitida y el policía sostiene lo contrario. Juan le pedía que se diera prisa, pero el policía, siguiendo inconscientemente mis inducciones, era de una lentitud desesperante. Yo procuré además inducir a Juan a insultar al policía.

Cuando lo hizo, me sentí invadido por esa satisfacción que da el deber cumplido, cuando de ello depende la vida de una persona. El motorista fue magnífico, se llevó a Juan a la comisaría. Su indignación era indescriptible, amenazando al que le había salvado la vida con denunciarlo por abuso de autoridad.

Más tarde, cuando Juan se enteró que el avión en cuestión había sufrido un accidente y que no había supervivientes, sintió un tal agradecimiento hacia el policía que lo había salvado que estuvo llorando sobre el periódico que traía la noticia durante varios minutos.

Al motorista, de pronto empezaron a salirle las cosas bien, él no se explicaba su suerte. Jamás supo que se debía a su noble gesto inconsciente, porque si yo pude utilizarlo, fue porque encontré en él una disposición inconsciente favorable a la empresa. Tampoco sabe que el significado de la palabra «suerte» es «ayuda de Dios».

Este relato nos permite comprender las estrategias de las que tienen que valerse los ángeles para mover los hilos de nuestros destinos. Y ello no significa que no exista el libre albedrío, ya que, como hemos visto, ellos sólo se contentan con moldear nuestras circunstancias con el material que nosotros les proporcionamos.

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