¿Cuántas veces habrá que decir que el yoga no es un deporte ni una gimnasia?

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Al parecer son miles de personas las que se empeñan en tomar la bisutería yóguica por joyería yóguica, y no pocos los supuestos «maestros» de yoga que quieren hacernos creer que enseñan yoga porque exhiben las más acrobáticas posturas yóguicas (asanas) o los más sofisticados retorcimientos y contorsionismos del cuerpo.
 
Lo que está sucediendo con el yoga es verdaderamente deplorable. Aunque no se quiera dramatizar. Los pseudoyogas y exóticas gimnásticas mostradas como yóguicas terminarán pasando de moda antes o después y quedará como un fenómeno consumista más del insatisfecho y descentrado occidental. 
 
Los primeros en traicionar la esencia del yoga fueron no pocos de los mentores indios llegados a USA en su empeño de mercantilizar esta venerable y milenaria disciplina. Ellos falsearon el hatha-yoga como un burdo culturismo y toda suerte de elementos gimnásticos pero no yóguicos.
 
 
La diferencia entre el yoga y el yoguismo
 
El yoga es el eje espiritual de la India y de muchos sistemas de autorrealización de Oriente; el yoguismo es un culto a la flexibilidad y la afirmación del ego.
 
El yoga es desapego, ecuanimidad, lucidez y sosiego; el yoguismo es apego al cuerpo, aferramiento a la imagen, ofuscación y tensión.
 
El yoga es un camino hacia adentro y humildad; el yoguismo es la obsesión por las apariencias y el envanecimiento.
 
El yogui jamás alardea; el yoguista no deja de hacerlo.
 
El yogui trata de desapegarse de la corporeidad y solo la utiliza como herramienta de evolución consciente; el yoguista se envanece de su elasticidad y utiliza la corporeidad para alardear.
 
El yoga forma parte de la misma esencia espiritual y milenaria de la India; el yoguismo es una invención de los mentores hindúes que llegaron hace unas décadas a Occidente con la intención de mercantilizar y rentabilizar el yoga físico y lo falsearon y distorsionaron.
 
El yoga es una joya de valor incalculable; el yoguismo es pura bisutería.
 
Fue Feurstein quien muy acertadamente escribió: 
 

«Al tratar sobre el impulso espiritual, no debemos pasar por alto el triste hecho de que hoy en día los intereses espirituales están quedando sepultados bajo montañas crecientes de falsificaciones comercialesEn efecto, esto se ha convertido en un problema serio porque los buscadores espirituales primero deben aprender a reconocer la basura para poder descubrir las enseñanzas genuinas sobre la liberación».

 
Y con la misma lucidez agregó: «cualquier maestro o enseñanza que prometa  un ‘éxito’ rápido por medios ‘fáciles’ ha sucumbido probablemente a la mentalidad consumista, y el correspondiente método forma parte de una mera explotación comercial».
 
Ya hace décadas, varios especialistas vieron lo que al respecto del yoga y disciplinas afines se nos venía encima, y el mismo Jung dijo: «Y lo que nos queda por ver». 
 
Hace ya un buen número de años Jean Varenne escribió: «No es honrado reducir el yoga a una gimnasia acrobática o una doctrina oculta».
 
El yoga es más necesario que nunca
 
No es de extrañar que en mi obra Yoga, método Ramiro Calle, el editor y escritor Álvaro Enterría insistiera en la necesidad de desenmascarar los neoyoga, neovedanta y neotantra. 
 
Occidente tiene el más que dudoso privilegio de aguar las enseñanzas más solventes y fiables de la India. Si bien, insisto, los primeros traidores fueron esos arrogantes y ávidos mentores indios que mostraron el hatha-yoga en Occidente. 
 
 
Ellos lo exhibieron como contorsionismo, campeonatos de asanas y una rara mezcla de posturas yóguicas y gimnasia sin el menor propósito de autodesarrollo y liberación mental.
 
Añadiré por mi parte, que hoy en día el yoga es más necesario que nunca, pero el verdadero yoga, el que procura las más elevadas enseñanzas espirituales, adogmáticas, y brinda métodos de autorrealización verificados a lo largo de los siglos.


Ramiro Calle
 
Director del Centro de Yoga Shadak y escritor
 
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